por Louis Even

editado por Paola Santamaria

Hay muchos tipos de ladrones, porque hay muchas maneras de robar. Algunos son bribones y violentos, otros roban de forma discreta; otros merodean a su presa antes de robar; otros muchos, cometen malversación de fondos, saqueo, desfalco, fraude, extorsión; y no creo haber agotado la lista.

El ladrón que no ha podido ser detenido, a quien hemos estado denunciando durante mucho tiempo, pero a quien las autoridades respetan, sobresale en los dos últimos tipos de robo mencionados: fraude y extorsión.

Ese ladrón, como nuestros lectores habituales han adivinado, es el sistema financiero actual. Sus agentes operan a plena luz del día; pero su técnica ha sido perfeccionada a través del tiempo, legalizada por los propios gobiernos, esto les ha permitido seguir robando, a mayoristas y minoristas, sin que sus víctimas sean plenamente conscientes de la identidad del ladrón. Se sienten despojados, pero el ladrón es lo suficientemente hábil como para volverlos unos contra otros y hacer que se acusen mutuamente del daño que él mismo les inflige.

La estafa

El dinero que entra en circulación, sabemos que lo hace a través de una deuda. El 90% de este dinero se origina o nace a partir de una deuda bancaria, y sólo el 10% restante, entra en circulación a través del papel moneda. A esto es lo que llamamos, la gran estafa.  Que todo el dinero, desde su nacimiento, es considerado por los bancos como de su propiedad, y que sólo ellos son los únicos que pueden hacer préstamos para su propio beneficio, es difícil de negar. Pero ¿nos hemos detenido a medir el alcance de esta estafa? El fraude existe desde el momento que se firma el contrato entre el prestamista de este nuevo dinero y el individuo o corporación que lo toma prestado.

El empresario que pide prestado proporciona garantías, riqueza real, sus propios bienes. El organismo público (gobiernos) que pide prestado proporciona como garantía su poder y su atrevimiento de imponer a sus ciudadanos grandes impuestos para intentar pagar su deuda, hipotecando así las propiedades de todos sus nacionales. ¿Y qué aporta el banquero? Es evidente que no aporta nada, únicamente teclea una cifra y el dinero entra en circulación, y sin embargo ya desfalco a su deudor. 

El prestatario o deudor cuenta con el fruto de su trabajo, el prestamista aporta sólo una cifra en un teclado; y es el prestamista quien considera que recibe una recompensa del prestatario. 

Cuando nos referimos a los banqueros, no hablamos de los bancos comerciales; nos referimos al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial, aquellos que tienen el privilegio exclusivo de crear el dinero que entra en circulación. Esta operación equivale a endeudar a la población cada vez más y nuestros gobiernos, se han convertido en títeres del sistema, no hay salida para este grave problema, a menos que decidamos poner fin a esta estafa monumental.

Extorsión

Pero la estafa se combina con la extorsión. ¿Qué significa la palabra extorsión?

Algunas organizaciones que pertenecen a la mafia o al narco, se especializan en extorsionar a los establecimientos industriales o comerciales; amenazan a los propietarios con castigarlos, si no pagan periódicamente a la organización una suma de dinero, o un porcentaje de sus ganancias.

Y es que, es eso exactamente lo que hace el sistema financiero. Hoy en día es imposible movilizar cualquier capacidad de producción sin dinero para pagar las operaciones antes de que el producto pueda ser vendido. Y cualquier deseo de crecimiento de la producción, requiere necesariamente aumentar el crédito por parte del sistema financiero. Sin embargo, el sistema financiero impone sus condiciones. El problema redunda también, en que nuestro gobierno no es consiente, o no quiere ser consciente de la gravedad del problema; si continuamos este mismo sistema, estamos condenados a parar la producción, a detener por completo el sistema de producción. Y es que la hambruna no va a llegar por un castigo divino, sino por la falta de inteligencia en el sistema financiero que no cesa de castigarnos con deudas impagables. 

Así como la mafia extorsionan a los comercios, así mismo el sistema financiero (FMI, Banco Mundial…), como extorsionador, extorsiona a la industria. Les dice: debes pagarme tal cantidad periódicamente —firma aquí— y si te niegas a firmar, te ato las manos, porque sin dinero está inmovilizada toda la industria.

De la misma manera sucede con los organismos públicos, los gobiernos. Extorsiona al gobierno, no importa de qué país estemos hablando, ya sea un país de los mal llamados de tercer mundo o de primer mundo. Los grandes banqueros le dicen al gobierno, ¿necesitas un acueducto?, muy bien, la construcción del acueducto es posible, sólo debe firmar un compromiso o contrato, según el cual, después de pagar el acueducto a quienes lo construirán, me pagarán un interés que puede igualar o incluso exceder el precio del acueducto. Pero si se negara el gobierno a aceptar dicho contrato, en ese caso, no tendrás un acueducto, mientras el desempleo seguirá aumentando y los productores de materiales lamentarán no poder vender sus productos. 

El sistema financiero mantiene a la población bajo su control, al igual que los gángsters extorsionan a los establecimientos y los mantienen bajo el suyo.

Los productores sufren de malas ventas de sus productos, desempleo, cargas financieras imposibles de cumplir. Los consumidores están sufriendo por el aumento de los precios, por un poder adquisitivo insuficiente. Toda la población sufre por el aumento en los impuestos. Mientras tanto, la guerra o la paz, la expansión o la recesión… El sistema financiero va bien... Sí, va bien, pero, únicamente para los financieros.

Todos los presupuestos gubernamentales están sujetos a un porcentaje. Escuchamos que hay recortes para el presupuesto en la educación, la salud, u otras instancias gubernamentales que son necesarias para garantizar los derechos fundamentales de la población. Pero hay un presupuesto que jamás estará en discusión y nunca será reducido, y es… el pago para los intereses bancarios internacionales. ¿Por qué seguimos permitiendo que esto pase?

Y es que la deuda se ha vuelto en algo sagrado. Podemos exprimir otros gastos, gastos en servicios públicos, o para indigentes, o para mejoras demandadas por la población. La suma consignada bajo el título "servicio de la deuda" ni siquiera puede ser sometida a discusión por los representantes electos por el pueblo, se ha convertido en el tributo al maestro que está por encima de los representantes del pueblo mismo. Debemos pagar por el derecho a vivir. Qué tristeza. 

Antes de la Segunda Guerra Mundial, los canadienses pagaban $ 125 millones anuales a esta línea del presupuesto federal. En 1959 (cuando se publicó por primera vez este artículo), después de librar una guerra por la que ellos mismos lucharon e incluso ganaron, tuvieron que pagar más de 600 millones anuales bajo el mismo capítulo. En 2022, los canadienses pagaron $ 22,5 mil millones por este "servicio de la deuda". ¿Ganó, la guerra, ganó para quién? Para el extorsionador, para el ladrón que no es arrestado, a quien respetamos, en cuya puerta nos presentamos y levantamos el sombrero en signo de respeto para suplicar por el derecho a vivir. 

El voraz roedor

La revista San Miguel ha considerado este sistema como una bestia malvada, una rata malvada, presente en todas partes. Los ejemplos, abundan, ya que la misma rata está presente en todas partes.

Un ex alcalde de Kénogami (ciudad canadiense dentro de la provincia de Quebec) dijo en uno de nuestros congresos que los contribuyentes de su ciudad habían pagado su acueducto tres veces más el precio real: una vez para quienes lo construyeron, y dos veces para el extorsionador, o sea, para los banqueros. La rata sigue siendo la misma, el sistema financiero. 

Este robo se produce a diario, cuando compras un casa, los muebles para tu casa; ropa, zapatos, productos de limpieza, en fin, en cada producto que compras, te están robando. Te roban en tu cara, se ríen de ti, incluso cuando compras lo básico para subsistir; los alimentos que llevas a tu mesa; cuando pagas los servicios básicos que requieres, ya estás pagando impuestos para poder pagar sólo los intereses de las grandes multimillonarias deudas que nuestros gobiernos adquieren. 

Imposible medir todo el mal que han causado a la humanidad. ¿Cuántas guerras han sido provocadas para seguir torturando a la humanidad? Su finalidad es destruir a la familia, someternos, controlarnos, estamos dentro de sus garras sin poder escapar. 

Lo peor de todo esto, es que, este ladrón del que venimos hablando hace tiempo, el más grande de todos, no es detenido.  Incluso tiene como protectores y sirvientes a los representantes electos del pueblo; y como defensores, hombres que deberían ser luces para iluminar el camino, hacer valer la justicia y defender a los oprimidos.