En mi último viaje a mi país natal, mi bello México, tuve la oportunidad de visitar Chiapas, un estado mexicano localizado en el sureste del país, en la región conocida como la Frontera Sur.  

Chiapas cuenta con una gran diversidad de fauna y flora, además que es uno de los estados más biodiversos de México, con más de 2000 especies de aves, mamíferos, reptiles y anfibios. Es una región reconocida por su gran cultura musical, sus artes y su folklore. Me atrevo a decir que es un paraíso en la tierra. 

La economía de Chiapas está basada principalmente en la agricultura. El estado es uno de los principales productores de café y maíz en México. La industria turística es una importante fuente de ingresos para el estado, gracias a su rica cultura, su biodiversidad y sus paisajes naturales.

Pero lo más importante y valioso que tiene Chiapas, es su gente; está habitado por numerosos grupos étnicos, como los tzotziles, los tzeltales, los tojolabales y los choles. 

En contraste con toda esta belleza y riqueza arquitectónica y natural, al recorrer las calles pude observar el rostro de la pobreza. Rostros de mujeres que cargan con amor a sus pequeños en la espalda, y en las manos su mercancía que desean vender a los turistas, mercancía que ellas mismas fabricaron junto con su familia, con sus propias manos; mujeres que no sólo llevan sus hijos sobre los hombros, llevan el mundo entero, llevan esperanza, pues sin ellas la lucha contra la desigualdad no sería la misma. Rostros de niños, jóvenes y ancianos, pueblos originarios que han sido desplazados de sus tierras por las empresas transnacionales que sólo buscan aumentar su capital sin tomar en cuenta a la persona humana, hombres y mujeres que han perdido toda su dignidad en manos de malhechores, abusadores, ladrones y malos gobernantes.  

Rostros de inmigrantes y refugiados que son obligados a dejar su tierra para ir en busca de un mejor futuro para las nuevas generaciones, pueblos enteros que el llamado "progreso" ha desplazado hacia las periferias, dejándolos olvidados en su propia tierra. 

 Y es que la pobreza es una constante en el mundo y, en América Latina, aún más, en unos países más que en otros, ya sea por su educación de baja calidad o por la escaza o casi nula preocupación de sus gobernantes en la generación de políticas públicas para la erradicación de la pobreza de una manera efectiva. 

Según datos de Statista Research Department, en 2021, solo tres de los 20 países seleccionados de América Latina tenían un porcentaje menor al 20% de su población bajo la línea de pobreza: Jamaica, Chile y Uruguay. Mientras, países como Guatemala y Haití registraron cifras superiores al 55%, lo que ha convertido a la pobreza en un problema crucial de Latinoamérica.

Evidenciar la pobreza por medio de cifras es recordarle a cada uno de los llamados "pobres" que a veces no son más que eso, cifras. Y es que es triste pensar en estos términos cuando la verdadera riqueza se encuentra ante nuestros ojos. 

Hemos dejado de ver a la persona y sólo vemos cifras. El ser humano ha dejado de ser el centro del universo, la sociedad se encuentra fascinada con la inteligencia artificial y sus robots, Sofía, el Primer Humanoide en Integrar Inteligencia Artificial es la sensación del momento y no logramos ver el peligro que nos acecha. 

Caminando por San Cristóbal de las Casas, considerada por muchos como la capital cultural de Chiapas, además de ser la principal localidad turística del Estado. 

Eran casi las 10 de la noche, y acaba de llover, el piso aún estaba mojado, la plazuela estaba llena de artesanos que cubriendo sus mercancías con unos hules, aún buscaban vender sus productos. Yo me encontraba resguardada de la lluvia en una esquina bajo unos arcos, ahí conocí a Jesús, un niño de 10 años que vendía pulseras hechas a mano y jaguares que él mismo había pintado. Jesús un niño tímido y a la vez valiente, con la mirada al suelo y brazos encogidos me contaba que no va a la escuela porque ya es muy grande para asistir y que debe trabajar, sólo aprendió lo básico, sumar y restar para poder vender sus artesanías.

Y es que la realidad de Jesús; es la realidad de muchos niños, no sólo en este estado de la República mexicana, en América Latina y en todo el mundo. 

Según datos de la UNICEF, para el año 2021, la cantidad de niños que trabajan se elevó a 160 millones en todo el mundo, tras un aumento de 8,4 millones en los últimos cuatro años.

Se estima que el 70% de los casos de trabajo infantil (112 millones de niños) se dan en el sector agrícola, seguido del 20% (31,4 millones de niños) en el sector de servicios y el 10% (16,5 millones de niños) en el sector industrial. 

La pobreza no es sólo económica (la quinta parte de la población mundial vive en la pobreza absoluta, es decir, con menos de un dólar diario). La malnutrición, la corta esperanza de vida, la falta de agua potable y de sistema sanitario, la enfermedad, el analfabetismo, la imposibilidad de acceder a la educación, a la cultura, a la atención sanitaria, también son formas de pobreza. 

Para Romero (2002) la pobreza es "…hambre, es carencia de protección; es estar enfermo y no tener con qué ir al médico; es no asistir a la escuela, no saber leer; no hablar correctamente; es no tener trabajo y sobre todo es tener miedo al futuro." 

Un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo revela que, por primera vez, el mundo posee la riqueza, la tecnología y los conocimientos para poner remedio a esta situación. Somos la primera generación de la historia que dispone de la capacidad y de los medios para poner fin a la pobreza. 

No podemos quedarnos de brazos cruzados y esperar a que todo se solucione mágicamente. Cada vez hay más gente que esta uniendo esfuerzos para darle un giro a esta terrible realidad. La sociedad civil debe ser el actor principal, estamos cansados de esperar a que el gobierno solucione el problema, sabemos bien que no importa quién se encuentre en el poder siempre serán unos títeres del sistema bancario internacional.

"Hemos legitimado el enriquecimiento sin límites; la codicia y la voracidad con el entorno y consigo mismo; la búsqueda insaciable del provecho y el máximo beneficio al mínimo esfuerzo y a costa de lo que sea; el éxito personal, la adicción y el culto al poder y el triunfo profesional como valor supremo; declive de la dimensión social" (Fernández Durán R. 2010)

Louis Even ya desde 1939 hablaba de una Democracia Económica, donde la economía pueda cumplir su fin de manera eficaz. Él propone que cada país recupere su soberanía para poder crear su propia moneda, y no dejarlo en manos del voraz sistema financiero actual. 

Muchas personas aún creen que el dinero está basado en grandes reservas de oro o de petróleo, siendo que la verdadera riqueza son los productos, la tecnología que sigue avanzando y de la cual somos herederos, la naturaleza que poco a poco hemos ido destruyendo, la ciencia, la persona es la mayor riqueza que posee el mundo. 

Necesitamos tomar conciencia de lo que está pasando y no cerrar los ojos, como si al cerrarlos todo dejará de pasar.  Recuperando los valores morales para reconstruir nuestro mundo, para devolverle al ser humano su lugar en la tierra, ser más solidarios, la caridad debe ir de la mano de la Justicia. 

Así como el oro debe pasar por el crisol (utensilio químico con el cual se limpia el oro u otros metales preciosos de los desechos y suciedades) para ser purificado, así mismo debemos acrisolar el sistema financiero actual, es decir, depurarlo y decantarlo. 

Poner en marcha un proceso de cambio global para practicar una economía diferente, más justa, inclusiva y sostenible, sin dejar a nadie atrás: es el objetivo de la Economía de Francisco. El Papa Francisco hace un llamado a "avanzar por este camino, y hacer más y nos invita a cuestionar el modelo actual de desarrollo". 

El Papa constata que la juventud de hoy está viviendo "en una época que no es fácil", marcada por una crisis medioambiental y guerras. "Nuestra generación – afirma – les dejó en herencia muchas riquezas, pero no hemos sabido cuidar el planeta y no estamos cuidando la paz". Y agrega: Ustedes están llamados a convertirse en artesanos y constructores de la casa común, una casa común que está "cayendo en la ruina". Una nueva economía, inspirada en Francisco de Asís, hoy puede y debe ser una economía amiga de la tierra y una economía de paz.

El Obispo de Roma declara que "la vida de Francisco de Asís, después de su conversión, fue una profecía, que continúa también en nuestro tiempo" y que en la Biblia, las profecías tienen mucho que ver con los jóvenes. "Samuel, Jeremías y Ezequiel eran jóvenes y según las Escrituras, dice el Papa, los jóvenes son portadores de un espíritu de ciencia e inteligencia".

De hecho, cuando a la comunidad civil y a las empresas les faltan las capacidades de los jóvenes, toda la sociedad se marchita, y la vida de todos se apaga. Falta creatividad, falta optimismo, falta entusiasmo. Una sociedad y una economía sin jóvenes son tristes, pesimistas, cínicas. Pero gracias a Dios ustedes están: no sólo estarán mañana, sino que están hoy; no son sólo el "todavía no", son también el "ya", son el presente.

El Sumo Pontífice espera que los jóvenes sean capaces de salir del paradigma económico del siglo XX: "Aprendamos de la mansedumbre de las plantas: su humildad y su silencio pueden ofrecernos un estilo diferente que necesitamos urgentemente.  Porque, si hablamos de transición pero nos quedamos en el paradigma económico del siglo XX, que depredó los recursos naturales y la tierra, las maniobras que adoptaremos serán siempre insuficientes"

Los pobres, protagonistas del cambio

En la ciudad del santo de Asís, que dedicó su vida a los pobres, el Papa se detiene en la pobreza. "Hacer economía inspirándose en él significa comprometerse a poner a los pobres en el centro" y a mirar la economía a través de ellos.  "Una economía de Francisco, afirma el Papa, no puede limitarse a trabajar para o con los pobres". Es necesario "abrir nuevos caminos para que los mismos pobres se conviertan en los protagonistas del cambio". "San Francisco, nota el Papa, no sólo amaba a los pobres, sino también amaba la pobreza".

Nuestro capitalismo, en cambio, quiere ayudar a los pobres, pero no los estima, no entiende la paradójica bienaventuranza:'bienaventurados los pobres'. Nosotros no debemos amar la miseria, es más, hay que combatirla, ante todo creando trabajo, trabajo digno. Pero el Evangelio nos dice que sin estimar a los pobres no se combate ninguna miseria. Y, en cambio, es de aquí desde donde debemos partir, también ustedes empresarios y economistas: habitando estas paradojas evangélicas de Francisco.