Ante la complejidad del contexto económico contemporáneo, el fiel laico deberá orientar su acción cipios del Magisterio Social.
Desafortunadamente, y sin que eso nos escandalice, debemos reconocer que existen desigualdades e injusticias no solo en la sociedad, sino en las mismas comunidades católicas. Ha llegado a ocurrir que, en ocasiones, se anuncian causales "científicos", "eruditos" para el problema de la pobreza, distanciándonos enormemente de la verdad.
Se anuncia una buena nueva para la intimidad personal, para el interior de cada uno, sin ninguna exigencia de solidaridad con las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia y de compromiso con nuestros hermanos, sobre todo los más pobres.
El documento de Puebla (n.558) expresa: "Esta instrumentalización que es siempre un riesgo en la vida política, puede provenir de los propios cristianos y aun de sacerdotes y religiosos, cuando anuncian un Evangelio sin incidencias económicas, sociales, culturales y políticas".
Podemos ahora concluir que para el cristiano no es opcional la proyección social de su fe, si no que es natural esa irradiación de la misma hacia todos los ámbitos de conducta personal y social: el trabajo, la familia, la política, la vida económica, la cultura, los derechos humanos, la sociedad civil, la comunidad internacional.
Ante la complejidad del contexto
por
económico contemporáneo, el fiel laico deberá orientar su acción por los principios del Magisterio Social. Es necesario que estos principios sean conocidos y acogidos en la actividad económica misma: cuando se descuidan estos principios, empezando por la centralidad de la persona humana, se pone en peligro la calidad de la actividad económica. (Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política. 24 de noviembre de 2002.
"Convénzanse los Cristianos de que, al tomar parte activa en el movimiento económico y social de su tiempo y luchar por una mayor justicia y caridad, pueden hacer mucho por el bienestar de la humanidad y la salvación del mundo." (Const. Iglesia en el Mundo No. 72)
Relación entre ética y economía. Su necesario dialogo
¿Es posible el diálogo entre la ética Y la economía? Para algunos la pregunta puede parecer superflua y podría tener cabida, a lo más, en los ambientes académicos. Para otros, en cambio, para quienes la persona humana es el centro de la preocupación al analizar los procesos históricos, se trata de una de las exigencias vitales que el proceso de la globalización está planteando. La euforia de los primeros años se está convirtiendo en un motivo serio de preocupación, ya que constatamos que la máquina del progreso puede llegar a arrollar a sus mismos inventores.
Este hecho ha abierto el camino a la interpelación y al diálogo aún en sus inicios y marcado por serios cuestionamientos de corrupción y manipulación, pero que se muestra necesario para el futuro mismo de la humanidad. Los obispos de los Estados Unidos, en su famoso documento sobre la economía del país, nos dejaron una metodología para llevar adelante el discernimiento sobre sistemas y modelos. Ellos se preguntan qué efectos produce el sistema económico en la gente, y qué espacio deja a la participación de la misma gente.
En palabras breves los obispos han resumido la pregunta de fondo, nunca formulada explícitamente, que la Doctrina Social de la Iglesia se ha puesto desde sus comienzos como reflexión sistemática con la encíclica Rerum novarum de León XIII. El Papa manifestaba, entonces, su preocupación por la inhumana situación de los proletarios. Hoy, como decía el venerable Juan Pablo II en Centesimus annus, es la situación de millones y millones de pobres cuya suerte no es mucho mejor que la de los proletarios de 1891, sujetos a un yugo servil, la que hace sentir a la Iglesia la necesidad de discernir cuidadosamente los procesos sociales, económicos, políticos y culturales, antes de dar un juicio -que por su naturaleza no puede ser definitivosobre los mismos.
La Doctrina Social de la Iglesia quiere ser un diálogo con el mundo. Poco a poco en el transcurso de estos más de cien años, se ha ido aclarando el propósito de este diálogo y hoy gracias al Concilio, a la intuición iluminadora de Pablo VI, quien ya desde su primera encíclica Ecclesian suam, lanzó a la Iglesia a dialogar con el mundo, gracias también al esfuerzo incansable de Juan Pablo II, y ahora de Benedicto XVI, queda claro que la evangelización para lo cuál existe la Iglesia, tiene que asumir la forma del diálogo humilde pero veraz con el mundo del que ella es parte y con el cuál debe compartir alegrías y esperanzas.
Es necesario, por tanto, entablar un diálogo que permita hacer entrar en el análisis económico la consideración ética, donde la verdad no se sacrifique por una falsa caridad, es decir, como nos decía Benedicto XVI en Caritas in veritatte: « La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. El amor —« caritas »— es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz. Es una fuerza que tiene su origen en Dios, Amor eterno y Verdad absoluta. Cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él, para realizarlo plenamente: en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y, aceptando esta verdad, se hace libre (cf. Jn 8,32). Por tanto, defender la verdad, proponerla con humildad y convicción y testimoniarla en la vida son formas exigentes e insustituibles de caridad. Ésta « goza con la verdad » (1 Co 13,6). » (Benedicto XVI. Caritas in veritate. no. 1)
El Hombre Como el Centro de la Vida Económica-Social
Para que el hombre sea el centro de la vida económica-social de acuerdo a los criterios de la Doctrina social de la Iglesia, debemos promover el desarrollo de una sociedad más cristiana en donde se viva con dignidad de ser hijos de Dios, mediante la difusión de las enseñanzas de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana renovando con esto el orden temporal para darle cabida al plan de Dios.
Se debe trabajar en la búsqueda de soluciones concretas para que reine la justicia social conforme a las enseñanzas del Evangelio y los principios de la Doctrina Social de la Iglesia. "La sociedad humana tiene que ser considerada, ante todo, como una realidad de orden principalmente espiritual: que impulse a los hombres, iluminados por la verdad, a comunicarse entre sí los más diversos conocimientos; a defender sus derechos y cumplir sus deberes; a desear los bienes del espíritu; a disfrutar en común del justo placer de la belleza en todas sus manifestaciones; a sentirse inclinados continuamente a compartir con los demás lo mejor de sí mismos; a asimilar con afán, en provecho propio, los bienes espirituales del prójimo. Todos estos valores informan y, al mismo tiempo, dirigen las manifestaciones de la cultura, de la economía, de la convivencia social, del progreso y del orden político, del ordenamiento jurídico y, finalmente, de cuantos elementos constituyen la expresión externa de la comunidad humana en su incesante desarrollo."
Si la Iglesia interviene en materias sociales y ha desarrollado una serie de principios que han sido llamados "Doctrina Social de la Iglesia", es esencialmente porque, tal como el Papa Pío XII manifestó en su programa de radio del 1 de junio de 1941: "¿Cómo puede la Iglesia, como Madre amorosa que se preocupa por el bienestar de sus hijos permitirse el permanecer indiferente cuando vemos sus privaciones, permanecer en silencio o pretender no ver y no entender las condiciones sociales que, voluntariamente o no, hacen difícil y prácticamente imposible una conducta cristiana en conformidad con los Mandamientos del Soberano Dador de la Ley?" Y del mismo modo se expresan todos los Papas, incluyendo actualmente a Benedicto XVI. Juan Pablo II; Evangelium Vitae (12 y 17)
En efecto, si muchos y graves aspectos de la actual problemática social pueden explicar en cierto modo el clima de extendida incertidumbre moral Y atenuar a veces en las personas la responsabilidad objetiva, no es menos cierto que estamos frente a una realidad más amplia, que se puede considerar como una verdadera y auténtica estructura de pecado, caracterizada por la difusión de una cultura contraria a la solidaridad, que en muchos casos se configura como verdadera « cultura de muerte ». Esta estructura está activamente promovida por fuertes corrientes culturales, económicas y políticas, portadoras de una concepción de la sociedad basada en la eficiencia. Mirando las cosas desde este punto de vista, se puede hablar, en cierto sentido, de una guerra de los poderosos contra los débiles. [...] Se desencadena así una especie de << conjura contra la vida », que afecta no sólo a las personas concretas en sus relaciones individuales, familiares o de grupo, sino que va más allá llegando a perjudicar y alterar, a nivel mundial, las relaciones entre los pueblos y los Estados. [...] Como afirmé con fuerza en Denver, con ocasión de la VIII Jornada Mundial de la Juventud: « Con el tiempo, las amenazas contra la vida no disminuyen. Al contrario, adquieren dimensiones enormes. No se trata sólo de amenazas procedentes del exterior, de las fuerzas de la naturaleza o de los "Caínes" que asesinan a los "Abeles"; no, se trata de amenazas programadas de manera científica y sistemática. El siglo XX será considerado una época de ataques masivos contra la vida, una serie interminable de guerras y una destrucción permanente de vidas humanas inocentes. Los falsos profetas Y los falsos maestros han logrado el mayor éxito posible ». Más allá de las intenciones, que pueden ser diversas y presentar tal vez aspectos convincentes incluso en nombre de la solidaridad, estamos en realidad ante una objetiva « conjura contra la vida », que ve implicadas incluso a Instituciones internacionales [...]
La filosofía del Crédito Social y el trabajo evangelizador de Louis Even
« El Crédito Social es la habilidad natural, inherente y potencial de los individuos en asociación para generar incrementos resultantes de dicha asociación que redundará en la satisfacción de los individuos que componen la sociedad o grupo en cuestión. Una asociación funcional · generará así incrementos positivos de asociación que contribuyan al bienestar general y satisfacción de los miembros de la misma, mientras que una asociación disfuncional generará incrementos negativos que disminuyen el bienestar y la satisfacción de sus miembros. El Crédito Social, como inherente a la ley natural, depende del descubrimiento y la aplicación de principios sólidos de la asociación. El Crédito Social como un estudio formal podría decirse que es la "ciencia" de la asociación. El estudio del dinero es crucial para el Crédito Social, porque en el mundo moderno, nosotros representamos o decimos representar, lo que hacemos en la contabilidad financiera, que es, como afirmó Douglas, lo que llamamos "dinero". Si nos vamos a asociar con éxito es de importancia crucial que el sistema abstracto de contabilidad que utilizamos para representar nuestras actividades orgánicas deben reflejarlas con precisión.»
¿Qué es el Crédito Social?
El Crédito Social es una doctrina, una serie de principios expresados por primera vez por el Ingeniero y Mayor C. H. Douglas en 1918. La implementación de estos principios haría que el organismo social y económico alcanzara efectivamente su fin, que es la satisfacción de las necesidades humanas.
El Crédito social no crearía los bienes, ni las necesidades, pero eliminaría cualquier obstáculo artificial entre ellos, entre la producción y el consumo, entre el trigo en las bodegas y el pan en las mesas. El obstáculo hoy en día – al menos en los países desarrollados – es meramente de carácter financiero, un obstáculo monetario. Ahora bien, el sistema financiero no proviene de Dios o de la naturaleza. Establecido por los hombres, puede ser orientado a servirles, y no a causarles problemas.
Para este fin, el Crédito Social presenta propuestas concretas. Aunque son muy simples, estas propuestas implican una revolución. El Crédito Social trae la visión de una nueva civilización, si por ello se entiende la relación del hombre con sus congéneres, y las condiciones de vida que faciliten el florecimiento de la personalidad de cada cual.
Bajo un sistema de Crédito Social, no tendríamos que luchar con problemas que son estrictamente financieros, que constantemente plagan las administraciones públicas, las instituciones, familias, y que envenenan las relaciones entre los individuos. Las finanzas serían nada mas que un sistema de contabilidad, expresando en cifras los valores de los bienes servicios, facilitando la movilización y coordinación de las energías requeridas para los diferentes niveles de producción hacia la obtención del producto final, y distribuyendo a todos los consumidores los medios para escoger libre e individualmente que les parezca apropiado entre lo y los bienes ofrecidos o accesibles inmediatamente.
Por primera vez en la historia, la seguridad económica, sin condiciones restrictivas, sería garantizada a todos y cada uno. La pobreza material sería algo del pasado. La ansiedad material por tener lo necesario para el mañana desaparecería. Se aseguraría el pan para todos, siempre y cuando haya suficiente trigo para hacerlo. En forma similar con todos los demás bienes que son necesarios para vivir.
A cada ciudadano se le entregaría esta seguridad económica como un derecho de nacimiento, como miembro de la comunidad, usufructuario durante su vida de un inmenso capital social, que se ha convertido en un factor dominante de la producción moderna. Este capital esta constituido, entre otras cosas, por los recursos naturales, que son un bien colectivo; la vida en sociedad, con el bienestar de ella derivado; la suma de los descubrimientos, invenciones, progreso tecnológico, que son una herencia siempre en aumento de generación en generación.
Este capital social, que es tan productivo, le daría a cada uno de sus copropietarios, a cada ciudadano, un dividendo periódico, desde que nazca hasta que muera. Y viendo el volumen de producción derivado del capital social, el dividendo para cada uno debería ser al menos suficiente para cubrir las necesidades básicas de la vida. Este dividendo se entregaría adicionalmente a quienes hagan parte de la producción, sin perjuicio de salarios, sueldos u otras formas de remuneración.
Por lo tanto, se otorga un ingreso permanente al individuo, que no depende de estar empleado como ahora, y evita que sea explotado por otros seres humanos. Con la cobertura de necesidades básicas garantizada, una persona puede resistir mejor las presiones y escoger la profesión que mas le agrade.
Liberadas de las mas urgentes preocupaciones materiales, las personas podrían dedicarse a actividades libres, mas creativas que el trabajo bajo ordenes, y orientarse hacia su propio desarrollo viviendo en función de lo humano, superior a vivir en función de lo económico. Obtener el sustento diario ya no sería la ocupación más absorbente de sus vidas.



