Apologética
Uno de los puntos principales de discordia entre Lutero1 y la Iglesia Católica fue si la salvación se logra por medio de la Fe o de las Obras. Siglos después de separaciones y discusiones sin término, parece que eran más las cosas que los unían que las que los separaban, todo el problema estaba girando en torno al énfasis que se puso en realzar algunos de los hechos y textos fundamentales en esta Doctrina al igual que el lenguaje que se utilizó al explicarla.
Sin embargo, hoy en día encontramos hermanos protestantes afirmando que la salvación se logra solamente por la Fe (Sola Fides) y que las obras no cuentan para nada, y argumentan con aquello que dice Pablo « no sea mérito de hombre sino del SEÑOR »; por otra parte, algunos "católicos", desconociendo la Doctrina de la Iglesia arremeten con una salvación basada solo en las obras. Todo esto surge de tomar versículos de la Palabra de Dios y leerlos sin estudiar el contexto donde fueron escritos ni para quién estaban dirigidos. Para comprender la Palabra del Señor no basta tomar un versículo aislado y dar una interpretación de él, hay que leer el capítulo y estudiar de qué se está hablando y a quién, y ver cuál es la enseñanza que se quiere dejar. Por ejemplo, cierta vez los fariseos se acercaron a Jesús y le reprocharon porque sus discípulos no ayunaban, sin embargo Jesús les contestó: « Ustedes no pueden obligar a los amigos del novio a que ayunen mientras el novio todavía está con ellos" (Lc 5, 34). Si se lee este versículo fuera de contexto alguien podría deducir que Cristo está contra el ayuno, pero más tarde aclara que « días vendrán en que el esposo no esté y podrán ayunar » (Lc 5, 35). Lo mismo sucede con todos los otros textos de la Palabra de Dios, hay que leerla dentro del contexto y la situación.
Después de éste preámbulo, entremos con el tema concreto de la Justificación a través de las obras o de la fe.
Primero definamos algunos términos:
Justificación: Es el proceso por el cual el alma es regenerada por la gracia. Esto no puede lograrse por medios o esfuerzo del hombre ni por cumplimiento de la Ley, pues es don gratuito de Dios.
Gracia: Es el Don sobrenatural infundido por Dios en el alma que nos hace hijos de Dios y herederos del cielo.
Dice el Catecismo de la Iglesia entre los numerales 1987 y 1995: "La Justificación es la acogida de la justicia de Dios por la Fe en Jesucristo.
Nos fue merecida por la pasión de Cristo que se ofreció en la Cruz como hostia viva, santa y agradable a Dios y cuya sangre vino a ser instrumento de propiciación por los pecados de los hombres. Nuestra Justificación es obra de la Gracia de Dios".
Como vemos, la Iglesia proclama que nuestra Justificación viene de Dios y es un don gratuito que no se compra ni se gana, sino que es pura Gracia.
El Concilio de Trento (año 1534) en la sección de los Cánones sobre la Justificación dice: "Si alguno dijere que el hombre puede justificarse delante de Dios por las obras que se realizan por las fuerzas de su humana naturaleza o por la doctrina de la Ley, sin la Gracia Divina por Cristo Jesús, SEA ANATEMA (Maldito)" (Canon 1).
¿De dónde viene la división?
Primeramente viene del maligno, y segundo de una falta de diálogo muy grande, para poder entender el punto de la Iglesia.
Vamos a hacer una separación de dos conceptos: Redención y Salvación.
Un poco simplificado, para una mejor comprensión.
Digamos que:
- Redención, es el proceso por el cual Jesús nos compra, a precio de Sangre, de las garras del Diablo y nos trae a la vida Trinitaria de Dios.
- Salvación, es el proceso por el cual yo me hago parte o me apropio de esa Redención.
La Redención es pura misericordia de Dios, no hay hombre por santo y justo que sea que pueda por sus méritos u obras redimirse. Esta redención sólo pudo ser hecha por el mismo Dios.
La Redención es un acto gratuito de Dios al hombre y sólo Él la pudo efectuar. Por otra parte, la Salvación es el proceso por el cual yo acojo esta Redención. Comienza en la Fe2 , prosigue con mi conversión personal y florece en el ejercicio de las obras buenas que brotan de esta y que son testimonio de mi vivir en Cristo. Estas Obras son ayuda en el incremento del favor de Dios en mi vida, al serle yo agradable, y aumenta mi caudal de Salvación ante el Altísimo. Sería muy injusto (y Dios no lo es) que las Obras malas me destituyeran de la Salvación y las buena no ayudaran. Esta es pura lógica de Dios.
Nuestros hermanos de otras Iglesias, que aún persisten en las controversias doctrinales, nos bombardean continuamente con el Versículo de San Pablo donde dice "las Obras no sirven".
Expliquemos esto: Cuando San Pablo habla de que las obras no sirven para nada, se está refiriendo
-como en Romanos 3, 27-28- a las obras DE LA LEY JUDIA. Los judíos pensaban que ellos eran agradables a Dios y obtenían su favor por las cosas que hacían y que les indicaba la Ley, tal como los baños rituales, el lavado de objetos, etc. San Pablo les dice a los fieles que nuestra Salvación NO viene de eso que hacemos, sino de lo que creemos, pues ésta ya se logro en Cristo; además esta forma de pensar llevaba al fariseísmo a pensar "en lo bueno que soy yo", actitud que aún hoy es un peligro espiritual. No nos dejemos confundir.
San Pablo, el apóstol que escribió en I Corintios 13 el hermoso Himno a la Caridad, no puede menospreciar las obras que nacen de la conversión: "Aunque tenga Fe como para mover montañas, si me falta la Caridad, no soy nada" (1 cor 13, 2b).
El gran peligro de nuestros hermanos de otras Iglesias es que miran a Pablo desligado de Cristo o miran a Cristo a través de San Pablo… ¡Gran error! Hay que mirar a Pablo a través de la Doctrina de Cristo y así se puede entender en su correcto sentido lo que dice el Apóstol.
Ahora bien, la Iglesia ha proclamado por siglos que la salvación es don de Cristo y se obtiene por Fe, pero que una vez Justificada el alma, el hombre puede acrecentar la santidad por las obras o perderla por la falta de las mismas. Esto es sencillo, si leemos:
GÁLATAS 5, 4
Vacíos sois de Cristo los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.
El hombre puede perder la gracia si se rige sólo por la Ley, pero también puede perder su salvación si esta fe no va acompañada de buenas obras. Veamos:
MATEO 25, 31-46
Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con Él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. Y serán reunidas delante de Él todas las gentes: y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los que estarán a su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo; Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui huésped y me recogisteis, desnudo, y me cubristeis; enfermo y me visitasteis; estuve en la cárcel y vinisteis a mi". Entonces los justos le responderán, diciendo: "Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? Y ¿cuándo te vimos huésped y te recogimos, o desnudo y te cubrimos? O ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a ti?" Y respondiendo el Rey, les dirá: "En verdad os digo que cuando lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeños a mi lo hicisteis".
Entonces dirá también a los que estarán a la izquierda: "¡Apartaos de mi, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles! Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed, y no me disteis de beber, fui huésped y no me recogisteis, desnudo y no me cubristeis; enfermo y en la cárcel y no me visitasteis". Entonces también ellos le responderán diciendo: "Señor ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o huésped o desnudo o enfermo o en la cárcel y no te servimos?"
Entonces les responderá diciendo: "En verdad os digo que cuando no lo hicisteis a uno de estos pequeños, dejaron de hacérmelo a mí". E irán estos al tormento eterno, y los justos a la vida eterna.
En este capítulo, vemos que el Señor habló claro respecto al fin y al juicio de cómo el hombre será juzgado por sus obras, las cuales -como dice el Apóstol Santiago- son el índice de su Fe, pues una Fe sin obras es Fe muerta.
Es curioso este Evangelio, donde Jesús reconoce a sus herederos, no por lo que sintieron o dijeron, sino por lo que hicieron. Cuando das frutos de buenas obras te asemejas a Dios y este se reconoce en ti y ve el fruto de su Redención actuando en tu vida. En este Evangelio, inclusive, hay hombres que son llamados al Reino sin saber que las obras que hacían eran para el mismo Señor… Misterio de la Redención y de la Gracia…
Veamos otro texto bíblico que nos pueda dar luz respecto a éste tema:
MATEO 16, 24-27
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, y quien pierda su vida por mi causa, la hallará. Pues ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su propia alma? ¿Qué podrá dar en rescate de sí mismo? Sepan que el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.
En este Capítulo, Jesús afirma que va a pagar a cada cual según sus obras. Es muy sencillo explicarlo: desde el momento en que el hombre acepta a Jesús como salvador por la Fe, esta le da la Salvación; pero ha sido una decisión del hombre aceptarla. La salvación estaba ahí, pues se mereció por el sacrificio de Cristo en la cruz, pero la aceptación de ésta, es un movimiento libre de la voluntad del hombre o sea una obra; y si el hombre puede perder la salvación por el pecado (que es obra del hombre), también puede acrecentar ésta por obras buenas, no para que se gloríe el hombre, sino para que esta fe fructifique, pues dice Jesús « por sus obras los conoceréis ».
Ahora veamos lo siguiente:
MATEO 19, 16-23
Un joven se le acercó y le dijo: "Maestro3, ¿Qué debo hacer para ganar la Vida Eterna?" Jesús le contestó: "¿Por qué me llamas bueno? Uno solo es el bueno. Pero si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos". El joven le dijo: "¿Cuáles?" Jesús respondió: "No matarás, no adulterarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre y amarás a tu prójimo como a ti mismo". El joven, le dijo: "Todo esto lo he guardado, ¿qué mas me falta?" Jesús le dijo: "Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Después ven y sígueme". Y oyendo el joven estas palabras, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "En verdad os digo, que un rico difícilmente entrará en el reino de los cielos".
El joven rico era un hombre que creía y vivía de acuerdo a la Ley de Dios; pero le faltaba fe para realizar una obra: darlo todo a los pobres, y Jesús le dice que si hace esto tendrá un tesoro en el cielo –OJO, no en la tierra, luego Jesús dice que es difícil para un rico entrar al cielo -o sea salvarse- porque casi siempre va acompañado de la avaricia.
En el siguiente pasaje, es el Apóstol Pablo el que habla de la importancia de las Obras:
ROMANOS 2, 5-6
Si tu corazón se endurece y te niegas a cambiar, te estás preparando para ti mismo un gran castigo para el día del juicio, cuando Dios se presente como justo Juez. Él pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.
Veamos en Lucas 19, 8-9 cómo Zaqueo, al convertirse, entregó la mitad de sus bienes a los pobres y Jesús exclamó « Hoy ha entrado la salvación a esta casa », o sea, Zaqueo fue salvo porque su Fe la demostró con las obras.
Zaqueo puesto de pie, dijo al Señor: "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y a quien le haya exigido algo injustamente le devolveré cuatro veces más". Y Jesús le dijo: "Hoy ha venido la salvación a esta casa, pues también este hombre es hijo de Abraham".
Veamos la gran importancia que se le da en el Apocalipsis y en la segunda carta de Pablo a los Corintios a las Obras, en el juicio:
APOCALIPSIS 20, 12-13
Y vi los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de DIOS; y los libros fueron abiertos; y otro libro fue abierto, el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, es decir, cada uno según sus obras. Y el mar dio los muertos que estaban en él; y la muerte y el infierno dieron los muertos que estaban en ellos, y fue hecho juicio de cada uno según sus obras.
2 CORINTIOS 5, 8-10
Por eso nos viene incluso el deseo de salir de este cuerpo para ir a vivir con el Señor. Pero al final, sea que conservemos esta casa o la perdamos, lo que nos importa es agradar al Señor, pues todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que ha merecido en la vida presente por sus obras buenas o malas.
Según vemos en 2 Corintios y Apocalipsis 20 el juicio de Dios va a ser sobre las obras que el hombre ha hecho.
Muchos hermanos protestantes dirán que Pablo en muchas ocasiones dice que la salvación viene por Fe y no por obras, para que el hombre no se envanezca, y es cierto, puesto que la Palabra de Dios no se puede contradecir. En esto la Iglesia ha sido clara: la salvación viene de Dios por el sacrificio de su Hijo Jesucristo en la cruz y es dada al hombre por Fe, aún sin merecerlo; pero esta Fe si es sincera se transforma en obras hacia los demás, es decir, se convierte en caridad sin la cual nada es perfecto. Por estas obras nos va a juzgar el Señor cuando venga con gloria, pues como dice su palabra « no todo el que dice: Señor, Señor entrará en el Reino de los Cielos » (Mt 7, 21).
Finalmente, veamos lo que dice el apóstol Santiago en su carta.
SANTIAGO 2, 14-26
Hermanos, si uno dice que tiene fe, pero no tiene obras ¿de qué le sirve? ¿Acaso lo salvará esa fe? Si un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse ni qué comer y ustedes le dicen: "Que les vaya bien, caliéntense y aliméntense, sin darles lo necesario para el cuerpo ¿De qué les sirve?"
Lo mismo ocurre con la fe: si no produce obras, está muerta. Y sería fácil decirle a uno: "Tú tienes fe, pero yo tengo obras: muéstrame tu fe sin obras, y yo te mostraré mi fe a través de las obras. ¿Tu crees que hay un sólo Dios? Pues muy bien, también los demonios lo creen, y tiemblan. ¿Será necesario demostrarte, si no lo sabes todavía, que la fe sin obras no tiene sentido? Abraham nuestro padre, ¿no fue reconocido justo por sus obras cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? Ya ves que la fe acompañaba a sus obras, y por las obras su fe llegó a la madurez. Esto es lo que recuerda la Escritura: Abraham creyó en Dios, y por eso fue reconocido justo, y fue llamado amigo de Dios.
Entiendan, pues, que uno llega a la verdadera rectitud a través de las obras y no sólo con la fe.
Lo mismo pasó con Rajab, la prostituta: fue admitida entre los justos por sus obras, por haber dado hospedaje a los espías y porque los hizo partir por otro camino. Porque así como un cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe que no produce obras está muerta.
Santiago nos aclara la función de la Fe y las obras: Fe sin obras no existe pues es Fe muerta. Las obras son testimonio de la Fe, y así pues « todo árbol sin frutos será cortado y echado al fuego ». Queda claro que Cristo Justifica y salva, pero también juzga al hombre por la Fe a través de sus obras, porque los demonios creen y tiemblan y no por esto son salvos.
En fin hermanos, la Salvación se logra por el camino estrecho, con trabajos; no es una salvación "dietética", de hacer una oracioncita y ser salvo. ¡El que predique una salvación fácil no ha leído el Evangelio ni conoce el Espíritu de éste, y es un irresponsable que lleva a sus ovejas al despeñadero!
La Redención es un Don de Dios, que nos da la posibilidad de Salvarnos. Comienza en la Gracia y sigue en la Fe que también es un don gratuito de Dios. Pero el hombre responde a esa Redención y a esa Salvación por las obras de amor que nos asemeja al dulce Jesús.
Jesús no solo habló de Teología, sino que en su vida mesiánica, habló también de amor incondicional que nos asemeja a Él. El camino de la Salvación es estrecho, y amplio el que conduce a la perdición (Mt 7,13).
1 Iglesia Dulce Hogar, Wilson Andrés Tamayo 1 Martín Lutero, sacerdote Agustino fundador del protestantismo, que promovió el Cisma Luterano en 1517. 2 Por medio del Bautismo -como dice Romanos 6, 3-4- somos adoptados por Dios e injertados en la vida de la Gracia.



