El 10 de septiembre de 2023, en Markowa, una pequeña ciudad de 4000 habitantes en el sureste de Polonia, no lejos de la frontera ucraniana, ante cerca de 1000 sacerdotes y 80 obispos y cardenales polacos y extranjeros, así como una multitud de más de 30,000 fieles, tuvo lugar la beatificación de toda una familia: padre y madre, José y Victoria Ulma, y sus hijos, todos martirizados al mismo tiempo el 24 de marzo de 1944, por haber escondido a tres familias judías bajo su techo.

Se trata de una beatificación sin precedentes en la historia de la Iglesia, ya que es la primera vez que una familia entera – padres e hijos – ha sido sido elevada a los altares, y reconocida colectivamente como martirio. La Iglesia los pone como ejemplo de amor al prójimo, hasta dar la vida, y de amor conyugal y familiar. Murieron mártires por odio a la fe, sus asesinos motivados no sólo por el odio a los judíos, sino también por un odio igualmente feroz a la fe cristiana y a la caridad. Su fiesta litúrgica es el 7 de julio, fecha de la boda de José Ulma y Victoria Niemczak (la decimotercera de los catorce hijos de Juan y Francesca Niemczak). José tenía entonces 35 años y Victoria 22.

Tras su matrimonio, José y Victoria se ganan la vida como agricultores en una pequeña granja de su propiedad. Juntos tienen seis hijos: Stanisława (nacido en 1936), Barbara (nacida en 1937), Władysław (nacido en 1938), Franciszek (nacido en 1940), Antoni (nacido en 1941) y Maria (nacida en 1942). Para que el séptimo niño sea beatificado, es necesario conocer qué ocurrió aquel fatídico día del 24 de marzo de 1944:

Ya en 1941, los ocupantes nazis habían declarado que aquellos polacos que ayudaran a los judíos serían condenados a muerte. A pesar de ello, muchas familias polacas empezaron a ayudar a los judíos, poniendo sus vidas en peligro. Este fue el caso de José y Victoria Ulma, que acogieron a ocho miembros de tres familias judías: Saúl Goldman y sus hijos Baruch, Mechel, Joaquín y Moisés, y los vecinos de los Ulma, Gołda Grünfeld y Lea Didner y su nieta, Reszla.

Un espía reveló su presencia a los nazis. La mañana del 24 de marzo de 1944, la policía nazi asaltó la casa de la familia Ulma. Obligaron a los ocupantes a abandonar la casa y dispararon con una pistola en la nuca a los ocho residentes judíos. José y Victoria fueron asesinados en la puerta de su casa delante de sus hijos y a la vista de muchos de los habitantes del pueblo, para dar un ejemplo de lo que ocurre cuando se ayuda a los judíos. A continuación, los nazis mataron a tiros a los niños. José tenía entonces 44 años, Victoria 31, y sus seis hijos de edades comprendidas entre 1 y 8 años. La casa fue incendiada y los cuerpos enterrados apresuradamente en una fosa. 

Es aquí donde se revela el misterio del séptimo niño, que no tenía nombre y al que el Dicasterio para la Causa de los Santos se refiere simplemente a él como "séptimo hijo de la familia Ulma", pero que también ha sido declarado beato: una semana después del 24 de marzo de 1944, los cuerpos de la familia Ulma fueron desenterrados por los aldeanos para darles un entierro digna en el cementerio. Los excavadores se dieron cuenta de que junto al cuerpo de Victoria, que estaba embarazada de siete meses en el momento de su asesinato, había un bebé recién nacido. Este séptimo hijo habría nacido, por tanto, pocos instantes después de la ejecución de su madre.

Una nota del Dicasterio para las Causas de los Santos, fechada el 5 de septiembre de 2023, explica: "En el momento de la masacre, la señora Victoria Ulma se encontraba en avanzado estado de gestación de su séptimo hijo. Este niño nació en el momento del martirio de su madre, por lo que recibió él mismo el bautismo de sangre, menciona el Dicasterio. Así lo explica el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1258), "Desde siempre, la Iglesia posee la firme convicción de que quienes padecen la muerte por razón de la fe, sin haber recibido el Bautismo, son bautizados por su muerte con Cristo y por Cristo. Este Bautismo de sangre como el deseo del Bautismo, produce los frutos del Bautismo sin ser sacramento".

En su homilía con motivo de la beatificación, el cardenal Marcello Semeraro, Prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, dijo:

"Acabamos de escuchar las palabras de Jesús al final de la parábola del samaritano misericordioso: "Vete y haz tú lo mismo" (Lc 10,37). Es bien sabido que José y Victoria Ulma prestaron especial atención a este pasaje del Evangelio de San Lucas, subrayando el título en rojo en la Biblia familiar y colocando su anotación "Sí" junto a él.

En el martirio de los nuevos Beatos, un papel particularmente sugestivo lo desempeña el pequeño niño que Victoria llevaba en su seno, nacido en los dolorosos momentos de la matanza de su madre. Aunque aún no tenía nombre, hoy lo llamamos Beato. Esta beatificación tiene un mensaje más actual que nunca: aunque nunca pronunció una palabra, hoy este pequeño niño inocente, que junto con los ángeles y los santos en el paraíso canta alabanzas a Dios en la Trinidad, aquí en la tierra grita al mundo moderno que acepte, ame y proteja la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, especialmente la vida de los vulnerables y marginados. Esta inocente voz suya quiere sacudir la conciencia de una sociedad en la que proliferan el aborto, la eutanasia y el desprecio por la vida, vista como una carga y no como un don. 

Por eso, la familia Ulma nos anima a responder a esta "cultura del descarte", que el Papa Francisco condena cuando dice: "Rechazamos la esperanza: la esperanza de los niños, que nos traen la vida que nos permite ir hacia adelante, y la esperanza inherente a las raíces que tienen los ancianos. (...) Este no es un problema de una ley o de otra, es un problema del descarte" [Francisco, "Discurso en la Asamblea plenaria de la Pontificia Academia para la Vida", 29 de septiembre de 2021]". 

En una carta pastoral del 13 de junio de 2023 sobre la beatificación de la familia Ulma, los obispos polacos escribieron:

"José y Victoria Ulma, que junto con sus siete hijos, dieron su vida para salvar a familias judías durante la Segunda Guerra Mundial, son un ejemplo particular de santidad, realizada en su vida matrimonial y familiar. Lo hicieron en nombre de la fidelidad a Cristo y de acuerdo con el mandamiento de amar al prójimo. Sus muertes heroicas fueron la culminación de un amor sacrificado, realizado día tras día en las circunstancias ordinarias de la vida conyugal y familiar.

"La vida de los venerables siervos de Dios José y Victoria estuvo hecha de innumerables sacrificios y actos cotidianos de amor. El fruto de esta forma de vida fue la heroica decisión de ayudar a los judíos condenados. No fue una decisión precipitada, sino el resultado de la lectura de la Palabra de Dios, que moldeó sus corazones y sus mentes y, por tanto, su actitud hacia el prójimo. Para ellos, la Biblia era un verdadero libro de vida, como demuestran los pasajes evangélicos destacados, en particular la parábola del samaritano misericordioso. Los Ulma, que se esforzaban por vivir como Cristo, poniendo en práctica a diario el mandamiento del amor, estuvieron dispuestos a dar la vida por el prójimo".

El 13 de septiembre de 1995, José y Victoria Ulma recibieron del Yad Vashem (institución oficial israelí ubicada en Jerusalén para la memoria de las víctimas judías de la Segunda Guerra Mundial) el título póstumo de Justos (es decir, todas aquellas personas de entre las naciones que pusieron su vida en peligro para salvar a los Judíos). Sus medallas de honor se las entregan a Władysław Ulma, el hermano superviviente de José. El 17 de diciembre de 2022, el Papa Francisco confirmó el martirio familiar de la familia Ulma, haciendo posible su beatificación.