« Por sus llagas hemos sido curados » Isaías 53, 5
Introducción
Cristo no vino a suprimir el sufrimiento, vino a salvarnos, a solidarizarse con nuestra condición humana hasta la muerte, cargó nuestros pecados para abrirnos de par en par las puertas de la Vida Eterna. La Cruz es el instrumento que lleva a Cristo al corazón del sufrimiento humano. Vivir el camino de la Cruz, es abrir nuestras heridas a su Amor que sana y entregar nuestras rebeldías a su consuelo. Tener una relación justa con la Cruz, es renunciar a todos nuestros caminos de muerte y escoger la Vida. Con Jesús, ya no estamos solos en la prueba.
Entremos en el misterio de los Corazones unidos. María esta también con nosotros cuando el sufrimiento de nuestros seres queridos parece insoportable y las situaciones de nuestras vidas parecen desesperadas y sin solución. María está de pie uniendo, por su Corazón, nuestro corazón al Corazón de Cristo.
Meditando y contemplando las escenas de los misterios de la Pasión de Cristo, dejamos entrar la Misericordia de Dios en nuestra vida. Entonces nuestro sufrimiento y nuestra muerte serán abiertos y ofrecidos a Aquél que es el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14, 6). No olvidemos nunca, al iniciar el camino de la Cruz, que la finalidad, la meta, es la resurrección. La Cruz es el paso; es el último despojo antes de la Victoria.
"Pilatos les dijo: Pero, ¿qué mal ha hecho este hombre? Yo no he hallado nada en Él que merezca la muerte. Por eso, después de castigarlo, lo dejaré libre. Pero ellos insistían con grandes gritos, pidiendo que fuera crucificado, y el clamor iba en aumento" (Lc 23, 22-23).
Primera estación : JESÚS ES CONDENADO A MUERTE
G. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
T. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Hijo mío, dame cada ocasión en que condenaste a alguien, y cada ocasión en que te condenaron injustamente, y quédate aquí en mi presencia, tranquilamente, sin quejarte.
En adelante, te daré fuerza y ayuda para soportar la injusticia y la condenación en el silencio y la ofrenda.
Dame tu orgullo y te daré mi humildad.
Juntos, estaremos uno al lado del otro, para que esta situación dolorosa sirva para la salvación de las almas. Si te caes, en tu debilidad, estaré para cargar lo que no puedas cargar, y mi mano te levantará por la Confesión, y volveremos a empezar...
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
"Ellos se apoderaron de Jesús; El mismo llevaba la Cruz a cuestas y salió de la ciudad hacia un lugar llamado « La Calavera » -que en lengua de los judíos se dice « Gólgota »—" (Jn 19, 17).
"Vengan a Mí los que están cargados y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de Mí que soy manso y humilde de corazón, y sus almas encontrarán alivio. Pues mi yugo es suave y mi carga ligera" (Mt 11, 28-30).
Segunda estación : JESÚS CARGA LA CRUZ
G. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
T. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Hijo mío, dame tu inocencia perdida, todas tus heridas y tus llagas del pasado y del presente. Dame tu soledad y tu dolor. Dame tu pureza perdida, tus anhelos rotos, tus sueños quebrantados. Dame tus cruces y Yo mismo llevaré con alegría tus cargas.
Gracias por cuantas veces cargaste la cruz con ánimo. A pesar de tu debilidad, lo hiciste por las almas que amo. Sanaré las heridas de tu pasado y de tu presente. Te devolveré la inocencia y la pureza. Pondré en tu corazón una nueva esperanza, y volverás a nacer en el amor, la luz y la hermosura. Tu inocencia resucita en mi resurrección.
He aquí tu herencia: eres mi hijo, un hijo de Dios. Sin tu buena voluntad, soy incapaz de llevar la Cruz, porque necesito tu amor para ayudarme a cargar esta Cruz de la Inocencia Crucificada en los que te rodean, y también en ti mismo. Juntos ganaremos la victoria. Estoy siempre contigo.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
"No había en Él belleza ni esplendor, su aspecto no era atractivo. Despreciado, rechazado por los hombres, abrumado de dolores y familiarizado con el sufrimiento... Aunque nosotros lo creíamos castigado, herido por Dios y humillado, eran nuestras rebeliones las que lo traspasaban, y nuestras culpas las que lo trituraban. Sufrió el castigo para nuestro bien y con sus llagas nos curó" (Is 53, 2-5).
Tercera estación : Jesús cae por primera vez
G. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
T. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Hijo mío, dame todas tus caídas y tus fracasos, tus desánimos y tus abandonos... cuando te apartaste de Mí y me aplastaste con tus pecados, cuando trituraste la Vida divina en ti y en otros. Dame tu tendencia a encerrarte, tu complacencia en la tristeza y la melancolía.
Por mi parte te daré mi gratitud, por cuantas veces alcanzaste a levantarte y a seguir el camino. Permíteme agradecerte por haber regresado a Mí humildemente con un profundo pesar en el corazón.
Me alegro contigo por cada nuevo empezar en tu camino hacia el Cielo.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
"Se oyen gritos en Ramá, lamentos y un llanto amargo, es Raquel que llora por sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen" (Jr 31, 15).
"Al encontrarlo, se emocionaron mucho y su Madre le dijo: « Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te buscábamos muy angustiados »" (Lc 2, 48).
Cuarta estación : Jesús encuentra a su Madre afligida
G. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
T. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Madres y padres, denme su pena y su dolor cuando no pueden socorrer a sus hijos que sufren, cuando el pecado y el mal les arrebatan.
Denme su impotencia cuando les ven apartarse de Mí. Hijos, denme su angustia cuando deben seguir caminos que sus padres no entienden plenamente, y que no pueden explicar.
Pónganse en la mirada de Amor constante entre mi Purísima Madre y Yo, y todo se arreglará. ¡Les doy mi Madre para que sea su Madre! Les muestro al Padre para que sea su Padre. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14, 6).
Vengan, síganme en este camino de Amor.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
"Por el camino encontraron a un tal Simón, natural de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, que volvía del campo, y le obligaron a llevar la Cruz de Jesús" (Mc 15, 21).
"El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Porque el que quiere salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por amor a Mí, la hallará" (Mt 16, 24-25).
Quinta estación : Simón ayuda a cargar la Cruz
G. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
T. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Hijo mío, dame tus rechazos de ayudar a alguien cuando estaba a tu alcance hacerlo. Dame todas las ocasiones en que hiciste más pesada la carga del otro en vez de aliviarla, cuando resististe o cargaste la cruz a regañadientes.
Dame la carga de tus cobardías. Por mi parte, me acordaré de las veces que ayudaste a otra persona, de las veces que te hiciste cargo, con alegría, del peso del dolor ajeno, de las veces que compartiste el peso de mi Cruz.
En adelante, te guiaré y te ayudaré a actuar mejor, a ser más generoso, porque lo que haces a otro, a Mí lo estás haciendo.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
"Muchos quedaron horrorizados al verlo, porque estaba tan desfigurado que no parecía hombre ni tenía aspecto humano" (Is 52, 14). "En verdad les digo que cuando lo hicieron con alguno de estos mis hermanos más pequeños, lo hicieron conmigo" (Mt 25, 40).
Sexta estación : Verónica limpia el Rostro de Jesús
G. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
T. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Hijo mío, dame todo este miedo al que dirán que te impidió dar testimonio de mi Amor delante de los demás, avergonzado de lo que otros pudieran pensar de ti.
Dame tu temor a ser juzgado, tus indiferencias, tu falta de compasión, la dureza de tu corazón. Te haré vivir en mi mirada y no en la mirada de los hombres. Te daré la fuerza en la ternura, los gestos de amor, en la dulzura y la delicadeza. Tengo que consolar a tantas personas.
Dame tu mirada altanera y las imágenes que en ti despiertan la perturbación.
Te daré mis ojos de Misericordia y de Amor y purificaré tu memoria y tu imaginación. Tú y Yo, juntos, consolaremos a mis queridos hijos.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
"El cual, siendo de condición divina, no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojo de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en su condición de hombre, se humilló a Sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz" (Flp 2, 6-8).
Séptima estación : Jesús cae por segunda vez
G. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
T. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Hijo mío, dame el peso de tus pecados. ¡Te aplastan tanto! Tienes la impresión de que no tendrás la fuerza para levantarte, y cuando por fin lo logras, eres demasiado débil y te caes de nuevo enseguida; entonces te quedas en la pena y en el sufrimiento.
He venido a levantarte, para coger esta terrible carga que te aplasta hasta desesperarte. Dame sencillamente tus pecados, sin importar su horror. No vengo a condenarte sino a consolarte y amarte. ¡Ven a Mí en la Confesión!
No te preocupes si no sabes por donde empezar. Ve al Sacerdote y explica tus dificultades, y pídele ayuda. Ven a Mí con frecuencia, te espero.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
"Lo seguía muchísima gente, especialmente mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por Él. Jesús, volviéndose a ellas, les dijo: « Hijas de Jerusalén, no lloren por Mí. Lloren más bien, por ustedes y por sus hijos... Porque si esto hacen con el leño verde, ¿que harán con el seco? » (Lc 23, 27-28; 31).
Octava estación : Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén
G. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
T. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Hijo mío, dame todas las veces que te descuidaste de la oración por tu familia. Cuántas veces dejaste de orar diciéndote: "Nadie me escucha, nadie oye mis oraciones; Dios no contesta a mis oraciones; Dios no se preocupa ni por mí ni por mi familia". Dame todas las oraciones a las cuales no conteste a tu manera, y todas las oraciones atendidas a las cuales contesté a mi manera, pero que rechazaste. Todas estas oraciones te llevan a la santidad. A veces este don se presentará bajo la forma de un sufrimiento, una pérdida o una pena, para que tu alma crezca en valentía, en amor, en olvido de ti mismo. A veces este don será envuelto en alegría, en paz y en felicidad. No hay ninguna oración de mis hijos que Yo no atienda porque les amo.
Toda la creación te dice cada día: "¡Te amo!". Acuérdate de Mí, porque Yo no te olvido nunca, ni siquiera un solo instante.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
"Después de una vida de aflicción comprenderá que no ha sufrido en vano. Mi siervo traerá a muchos la salvación cargando con sus culpas. Le daré un puesto de honor, un lugar entre los poderosos, por haberse entregado a la muerte y haber compartido la suerte de los pecadores. Pues El cargó con los pecados de muchos e intercedió por los pecadores" (Is 53, 11-12).
Novena estación : Jesús cae por tercera vez
G. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
T. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Hijo mío, dame todas las veces que ya no puedes avanzar, ¡porque entiendo bien lo que sientes! Caí aquí por Amor a ti. Dame tu desamparo y cree en el Poder de mi Nombre. Llama a mi Nombre: "Jesús".
Te amo tanto y te conozco por tu nombre. Dame todas tus palabras inútiles, las que hirieron a los demás y que te hirieron a ti mismo. Pondré en tu boca el silencio del amor y unas palabras de bendición y de alabanza. Mira a mi Madre, cuyo Corazón tan tierno me dio ánimo para levantarme y seguir.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
"Los soldados, después de crucificar a Jesús, se apropiaron de su ropa y la repartieron en cuatro partes iguales, una para cada soldado. Se apoderaron también de su túnica, que era sin costura, de una sola pieza. Se dijeron entre ellos: « No la rompamos, vamos a sortearla para ver a quien le toca ». Así se cumplió este texto de la Escritura: « Se repartieron mi ropa y sortearon mi túnica... »" (Jn 19, 23-24).
Décima estación : Jesús es despojado de sus vestiduras
G. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
T. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Hijo mío, dame todos los bienes que Yo te he dado, pero de los cuales tienes tanta dificultad para desprenderte. Dame tus bienes más preciosos y te daré la verdadera libertad del corazón y del espíritu. Dame tus riquezas materiales, intelectuales y espirituales.
Ofréceme todo lo que te he dado, y por mi parte te inundaré con más Gracias todavía. ¿Por que tienes miedo, hijo mío? ¡Soy Dios y soy capaz de cuidar de ti!
Dame tu falta de generosidad y te daré toda mi generosidad.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
"Cuando llegaron al lugar llamado La Calavera, lo crucificaron a Él y a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Mientras tanto, Jesús decía: « Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen ». Después se repartieron sus ropas, sorteándolas. La gente estaba ahí mirando. Los jefes por su parte se burlaban de Jesús diciendo: « Ya que salvo a otros, que se salve a Sí mismo, para ver si es el Mesías de Dios, el Elegido »" (Lc 23, 33-35).
Undécima estación : Jesús es clavado en la Cruz
G. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
T. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Dame todos tus gestos malos, tus malas costumbres y tus desviaciones. Dame todo lo que tocaste y que ensució tu cuerpo, tu espíritu y tu alma.
Purificaré tu sentido del tacto y ordenaré tus gestos y tus actitudes. Te estableceré en la realidad de las cosas buenas y hermosas que he creado para ti.
Dame todas las veces que te quejaste mientras te proponía quedarte conmigo en la Cruz por amor a los demás.
Dame tu temor por ti mismo y tu temor por los demás.
Yo te daré el valor de llegar a ser un apóstol voluntario de reparación y de amor. ¡No temas! Estoy contigo y mira: tu Madre celestial nos acompaña.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
"Hacia el mediodía, se oculto el sol y toda la tierra quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. En ese momento el velo del Templo se rasgó por la mitad, y Jesús gritó muy fuerte: « Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu », y al decir estas palabras, expiró" (Lc 23, 44-46).
Duodécima estación : Jesús muere en la Cruz
G. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos
T. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Detén aquí tu corazón en el silencio.
Hijo mío, dame tu temor al sufrimiento y te acompañaré en tu sufrimiento dándote la alegría de unir nuestros corazones traspasados, junto con el Corazón de mi Madre para la salvación del mundo.
Dame tu rebeldía y tu temor a tu propia muerte y la de los que tú amas, porque en la Cruz vencí el odio y muerte. Dame tu grito de angustia y te daré el grito de la victoria: "Hágase tu Voluntad".
Basta que te acuerdes de Mí, y la vida en mi presencia te pertenecerá.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
"Alguien tuvo la valentía de ir donde Pilatos y pedirle el cuerpo de Jesús. Era José, del pueblo de Arimatea, miembro respetable del Consejo Supremo y que esperaba también el Reino de Dios. Pilatos se extraño de que hubiera muerto tan pronto, y llamó al capitán para saber si realmente era así. Informado por el centurión, entregó el cadáver a José" (Mc 15, 43-45).
Decimatercera estación : Jesús en los brazos de su Madre
G. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
T. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Hijo mío, dame tu inocencia crucificada. Dame todas tus faltas de ternura y de cariño, del pasado y del presente.
Detente y abandónate en los brazos del Amor paternal que tengo para ti.
Llama a tu Madre celestial. Sus brazos reciben tu espíritu, tu cuerpo y tu alma herida. Tú eres su hijo tanto como Yo. Sus lágrimas interceden por ti.
¡Ámala! ¡Cuánto te ama!
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
"Después de bajarlo, lo envolvió en una sábana y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido enterrado aún. Era el día de la preparación de la Pascua y ya estaba por comenzar el día sábado.
Las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea lo estaban observando todo de cerca y se fijaron en el sepulcro y en el modo en que habían colocado el cadáver" (Lc 23, 53-55).
Decimacuarta estación : Jesús es colocado el sepulcro
G. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
T. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Detén aquí tu corazón en el silencio.
Hijo mío, dame todo lo que en ti tiene sabor a soledad y a muerte. Te daré la confianza, la fe, el amor, el gusto de vivir, el deseo de mi Amor y del amor fraternal. Jamás estás solo, ni un solo instante. Dame tu vacío y tu nada.
Te daré mi plenitud. Dame tus lágrimas y tu tristeza, te daré mi paz, mi esperanza y mi resurrección gloriosa.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Jesús ha resucitado
"Dios resucitó a Jesús al tercer día y le concedió que se manifestase, no a todo el pueblo, sino a nosotros que somos los testigos elegidos de antemano por Dios, a nosotros que hemos comido y bebido con El, después que Dios lo resucitó de entre los muertos..." (Hech10, 40-41).
"En efecto, por el Bautismo hemos sido sepultados con Cristo quedando vinculados a su muerte, para que así como Cristo ha resucitado de entre los muertos por el Poder del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva. Porque si hemos sido injertados en Cristo a través de una muerte semejante a la suya, también compartiremos su Resurrección" (Rom 6, 4-5).
Oración:
¡Oh Inocencia Divina! Triunfo de mi inocencia crucificada. Devuelve a mi cuerpo, mi espíritu y mi alma salud y sanación, ánimo y consuelo. Deposita en mí el espíritu de alabanza, de adoración y de acción de gracias. Renueva en mí los dones del Espíritu Santo.
Guíame hasta una vida de santidad y de servicio lleno de alegría.
Te lo ruego en Nombre de Jesús, Salvador de toda la humanidad y por la intercesión de la Santísima Virgen María, de los Ángeles y los Santos.
Te lo pido en honor de los Corazones Eucarísticos de Jesús y de María, para la alabanza y en acción de gracias a la Santísima Trinidad. AMEN.
Las fotografías fueron tomadas por Ken Duncan y Philippe Antonello durante el rodaje de la película « La Pasión de Cristo ». Todas las imágenes son propiedad de ©2004 Icon Distribution, Inc. Todos los Derechos reservados. Textos bíblicos extraídos de « La Casa de la Biblia ». Comunidad María Reina de la Paz - BP 24 - 53170 Saint Denis du Maine (Francia)



